Volver a orientarse hacia Dios
CONVERSIÓN, RETORNO. Uno de los temas principales de la antropología bíblica es la posibilidad y necesidad de una conversión del pueblo en cuanto tal o de los individuos que lo necesitan. En ese sentido, Israel puede definirse como «pueblo de la conversión», pueblo que retorna a su Dios, a quien se entiende también como Dios que se vuelve y acoge a su pueblo después del pecado. Ése es el tema básico del mensaje de los grandes profetas anteriores al exilio (Amós, Oseas, Isaías, Jeremías) y el mensaje central del Deuteronomio. La misma institución del templo está al servicio de la conversión, es decir, del retorno hacia Dios. En el Nuevo Testamento, la conversión se encuentra vinculada a la llegada del reino de Dios. De esa forma, la acción del hombre se concibe de manera consecuente, como respuesta a la acción salvadora de Dios. Eso significa que Dios no necesita que los hombres se conviertan para su salvación, sino que les salva para que se conviertan.
La idea del arrepentimiento se expresa en arameo de dos formas, con el sustantivo twâtâ' o con tyâbûtâ' (también transcrito tëyâbbûṯâ'). Este último se traduce a menudo “conversión”. Literalmente, significa “retorno”. Volver a Dios nos exige, recuperar nuestra auténtica naturaleza, nuestra auténtica identidad. No importa qué hayas hecho, no importa cuán bajo hayas caído, siempre existe la posibilidad de enderezar de nuevo tu camino. Siempre existe un camino de regreso hacia la luz, siempre hay esperanza de con-versión, de transformación.
Lc 15,3-7: Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola: «Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alegraos conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido”. Os aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión».
Lc 15,7. Buscar a la oveja
Habrá más alegría en el cielo por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión.
Esta es la sentencia final que el evangelio de Lucas añade a la parábola de la oveja perdida, que en Mt 18,12-14 aparece en una versión algo distinta. Indicaré primero la diferencia entre esas dos versiones, para insistir después en la posibilidad y naturaleza de la conversión o retorno de los hombres a Dios.
Esta parábola aparece, en formas paralelas, en los evangelios de Lucas y Mateo. Según Lc 15,3-7, ella forma parte de un gran complejo sobre la misericordia (Lc 15,1-32).
- En Lucas la oveja no tiene culpa. En Mateo sí la tiene.
- Lucas supone que ella se pierde o «extravía» sin culpa, (quizá porque está débil y no puede seguir a las otras, o porque el bosque es fragoso y lleno de escondrijos, y no porque ella quiera irse y caminar errante).
- Según Mateo, ella no se pierde, sino que se pervierte, como supone el verbo planao, que significa «errar», (como los planetas, que según la opinión de muchos judíos de aquel tiempo, dejaron el buen camino y vagan sin rumbo, por su propia culpa).
Sea como fuere, tanto en un caso como en el otro, la oveja no se arrepiente ni vuelve ni quiere volver, como el hijo pródigo de Lc 15,11-32, sino que
- Es el mismo pastor quien debe ir tras ella, por bosques y descampados hasta hallarla al fin.
- No se trata, pues, de una parábola de arrepentimiento del pecador, sino de la fatiga y el esfuerzo de Dios que sigue buscando hasta encontrarla.
- Lo que más importa no es que el hombre pueda «volver» a Dios, sino que Dios quiera «volverse» hacia el hombre, para ofrecerle así la Vida, («Así vuestro Padre celestial no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños», es decir, de estos pecadores Mt 18,14).
- Jesús destaca la misericordia de Dios, antes, o más que el posible buen arrepentimiento del hombre.
- No estamos ante una parábola de la conversión humana, sino del amor misericordioso de Dios, que hace todo lo posible para que el pecador vuelva (se convierta) =Dios que busca a los perdidos.
- Lucas ha querido insistir también en la necesidad de que los hombres le busquen, y por eso termina (y ratifica) la parábola con la frase citada en el encabezado de este tema, destacando la alegría de Dios por la conversión del pecador.
Esa palabra, conversión, que en los idiomas latinos significa «trans-formación», se dice en el griego de los evangelios metanoia, de meta-noeo), es decir:
- cambio de pensamiento (nous o «mentalidad») o, mejor aún,
- superación del pensamiento antiguo, hecho de trampas y engaños, de mentiras y cálculos,
- para obtener así un pensamiento centrado en Dios.
- Jesús no ha utilizado esa palabra griega sino otra hebrea o aramea que viene de la raíz de la experiencia bíblica: (shüb) que significa «volver», «retornar», invirtiendo así la dirección del camino. Una de las palabras y experiencias más ricas de la Biblia, cuyo argumento se centra en el gran pecado y castigo del pueblo y en la necesidad de una conversión, de un retomo a Dios.
- La palabra que se emplea para hablar de ese retorno a Dios es (shüb), que significa «retorno», indicando con ello que Dios «llama» y que el hombre puede responderle.
- De esa forma, se vinculan los dos rasgos o elementos de la parábola de la oveja perdida/pecadora: el pastor/Dios se esfuerza en llamar amorosamente, el hombre errante puede responderle o no.
Este es el argumento inaugural de Mc 1,15: «Ha llegado el Reino de Dios, convertíos y creed en el evangelio...».
- Esto es lo primero: «Ha llegado el Reino», es decir: Dios viene, está llamando. Antes de toda conversión o cambio humano sitúa Marcos (Jesús) la llegada-llamada de Dios,
- y por eso y tan solo después pide a los hombres «que se conviertan»: meta-noeite, que significa, «cambiad de mente, de mentalidad», esto es, de forma de pensar, para situaros de un modo distinto ante el mundo, superando así (desde Dios) el estilo actual de vida. Esto se dice en hebreo, desde toda la traición israelita «invertid vuestros caminos (orientaros nuevamente hacia Dios y su justicia)».
- «creed en el evangelio» esto es,
- «confiad en la buena noticia»,
- «dejad que la buena nueva de Dios (que es la noticia de su Reino) os fortalezca, de manera que podáis vivir y actuar de un modo apropiado». Así se proclama la alegría de Dios como gozo supremo de la vida, (se funda en el hecho de que los hombres puedan convertirse en sentido radical (volver a Dios) escuchando libremente su llamada y recorriendo su camino.
Esa es la palabra clave y a ella se le añade en Mc 1,15:
Uno de los textos más significativos del judaísmo de tiempos de Jesús, la Oración de Manasés, dice: «A ti pido, Señor: ¡perdóname, ¡Señor, perdóname!... Porque tú eres, oh Dios, el Dios de los que se arrepienten». Esta es la definición más honda de Yahvé en el judaísmo de aquel tiempo: «el Dios de los que se arrepienten».
Esa conversión judía se funda en el hecho de que:
- Dios establece un tiempo/espacio de cambio, y así capacita a los hombres para que retornen al buen camino, como responsables de su propia acción (su cambio).
- Dios ofrece a los pecadores una nueva oportunidad, les abre otra vez una puerta de vida, haciéndoles capaces de arrepentimiento y conversión; pero
- solo les perdona si ellos de verdad se vuelven y le buscan,
- de manera que la oveja perdida tiene que ponerse también en camino hacia su pastor. Por el contrario, la conversión cristiana empieza y en el fondo acaba siendo un gesto de Dios, Buen Pastor, que viene a buscar por Jesús a los hombres (ovejas perdidas, errantes, pecadoras) para ofrecerles gratuitamente su perdón, muriendo incluso por ellos.
- Dios abre así un espacio de gracia-gracia anterior a la misma conversión.
- No espera a que los hombres se conviertan para perdonarles, sino que les perdona de antemano,
- muriendo por y con ellos, pero
- no para que sigan igual, sino para que con su gracia amorosa puedan convertirse (es decir, volver a él), cambiando su mente: su forma de pensar y actuar.
En la Peshitta leemos (Lc 15,7):
'Ámar-'ná' [Yo soy quien dice] lekün [a vosotros] déhákanná' [que así] tehwe' [será, habrá] hadütá' [alegría, regocijo] bashmayyá' [en los cielos] °al [sobre] had [uno] hatáyá' [pecador] detá'eb [retornante, volviente, que se convierte] W [o = que] °al [sobre] tesh°ín wétesh°d' [noventa y nueve] gaddiqm [justos, honestos] déla' [que no] metba°yál [necesaria] léhün [para ellos] téyábbütá' [la conversión].
La idea del arrepentimiento se expresa en arameo de dos formas, con el sustantivo twáta o con lyábütd (también transcrito téyábbütá'), que es el que se usa en este pasaje evangélico.
Este último se traduce a menudo por «conversión»,. Todo en la familia léxica T-W-B, que es a la que pertenece tyábütá', alude al retorno; por ejemplo, la partícula tüb significa «de nuevo, otra vez» (para indicar que algo vuelve a producirse). Volver a Dios nos exige, más que transformarnos en algo diferente de lo que de verdad somos (que eso sería una «conversión»), recuperar nuestra auténtica naturaleza, nuestra auténtica identidad. La primera manifestación de esa recuperación de lo que fuimos, de lo que de verdad somos, es una reorientación en el sentido de nuestra marcha por el mundo. Antes de hacer tyabüta' íbamos alejándonos de nuestro bien, de lo que alguna vez fuimos, de nuestro origen, y con la tyabüta' decidimos dejar de huir hacia delante y volver. De alguna forma, para el arameo-parlante, «volver» es «volver a Dios». Ir hacia Dios es volver a El. También Dios es el que vuelve al ser humano.
La palabra tyabüta' vuelve a estar en labios de Jesús en Le 24,46-47: Jesús asume su condición profética y llama a su pueblo a la conversión de sus errores, como antes hizo Juan Bautista. Veamos, literalmente, los dos versículos de Mc 1,4-5 donde descubriremos rasgos que se nos escapan en castellano: Porque (Y-D-Y) la raíz verbal es la de «agradecer» como cuando en Mc 14,23 se dice que Jesús tomó el cáliz y «dando gracias» ... En arameo, por ejemplo, «gracias» se dice tawdi. En este contexto, la confesión de los pecados conlleva el hecho de «agradecer haberse dado cuenta de los errores cometidos».
Fuente: X. PIKAZA / V. HAYA: Palabras originarias para entender a Jesús. Cap 33. Volver a orientarse hacia Dios
Ver también:
Aproximación a la noción de pecado, conversión, salvación…
En torno a la noción de «pecado»: De la noción laica a la concepción bíblica
Per a «construir» junts...
«És detestable aquest afany que tenen els qui, sabent alguna cosa, no procuren compartir aquests coneixements».
(Miguel d'Unamuno, escriptor i filosof espanyol)
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Para «construir» juntos...
«Es detestable ese afán que tienen quienes, sabiendo algo, no procuran compartir esos conocimientos».
(Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español)

